La cobardia útil

 



Habían aprendido el idioma correcto.

Decían convivencia, respeto, tolerancia

como quien repite una oración

sin creer en ningún dios.

Todo parecía en calma

hasta que el miedo carraspeó.

No gritó.

No amenazó.

Solo dejó caer una frase breve,

afilada como un recuerdo antiguo,

y los cuerpos entendieron antes que las conciencias.

Las espaldas se curvaron.

Las bocas se llenaron de cautela.

Lo justo empezó a parecer peligroso

y la cobardía

se rebautizó como sensatez.

Nadie los obligó.

Ellos solos aprendieron

el arte de desaparecer sin irse,

de asentir sin pensar,

de sabotear en voz baja

para no ser señalados.

Yo observé desde el margen,

ese lugar incómodo

donde no llegan las órdenes

ni el aplauso.

No fui héroe.

Solo fui incapaz

de domesticar mi dignidad,

de volverme pequeño

cuando el miedo exigía obediencia.

Y entendí, por fin,

que no todos traicionan por maldad:

muchos lo hacen, porque nunca aprendieron

a sostenerse de pie cuando el mundo 

les pide que se arrodillen.

AUTOR: ESONTA.

CERRECCIÓN EQUIPO LORDE

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